Hay muchas cosas en la política que a pesar de considerarse prácticas habituales, suelen en muchos casos, traspasar los límites de la decencia y el respeto, o incluso, vulnerar los derechos fundamentales de las personas. Todo espacio sirve para buscar un protagonismo. No es para menos, cuando hoy en día esa posibilidad fácilmente se encuentra en la telebasura, donde se puede vender desde los secretos de alcoba hasta cápsulas de insultos entre políticos y tertulianos. Si esto sucede con frecuencia en televisión, ya podemos imaginarnos lo que pasa en las redes sociales, donde la clandestinidad y el anonimato son las mejores armas de los oportunistas de profesión. Además, los insultos se propagan como potenciales virus difícilmente curables hasta convertirse en pandemias informativas.
Todo dios utiliza el agravio para escalar posiciones en este capitalismo chapucero donde el libre mercado de la blasfemia cotiza al alza. Calumniar o injuriar a alguien resulta gratis. Lo caro, en cambio, es su resultado: rivales que han sido víctimas del escarnio público; tribunales mediáticos que hacen juicios paralelos; y personas sentenciadas y silenciadas hasta el punto de ver cómo su imagen pública termina por fundirse entre la demagogia o la palabra suelta de los ineptos. ¿Cómo salir de ello es el tema en cuestión? Hace algún tiempo escuché a un experto informático que afirmaba que tardaba entre dos y tres años, el borrar algunos datos que circulaban por Internet. Para ello, era preciso estar día y noche en el ordenador para contrarrestar la cantidad de basura que navega por esta autopista de infamias, mediante información certera y contrastada. Es como ir colocando ladrillos en un pozo sin fondo.
Pero esto no amilana a los inquisidores de turno, quienes so pretexto de la libertad de expresión y de la democracia lanzan soflamas inconsistentes con el único objetivo de calumniar. Para desgracia de muchos de estos desvergonzados, sus víctimas salen indemnes, impolutas…Esto si que les arruina y descoloca, y terminan por utilizar la agresión física. Cuántos casos hemos visto, donde grupos de inconformes, luego de agredir de palabra a sus víctimas, elevan sus niveles de testosterona para imponer sus criterio a trompadas. Y ojo, que hablo de presuntos “líderes” que buscan opciones políticas y que abanderan obscenamente la tolerancia, solidaridad y, hasta la lucha contra la violencia de género.
Ya entrando al análisis de lo que se juega, nos topamos con una triste realidad. El debate de propuestas es pobre y, cuando alguien se embarca en el mismo, puede ser blanco de los insensatos. Lo peor de todo es que no hay un atisbo de originalidad; un alegato serio e innovador. Sinceramente, creo que se pierde mucho tiempo el mirar o escuchar a alguien, con cierta edad mental, que después de lanzar una andanada de ignominias, vacías de contenido y empobrecidas de discurso, termina por soltar con un aire de cinismo, hasta cierto punto impúdico, la hurgada frase de ¡hasta la victoria siempre! Eso sí que me preocupa y mucho porque hasta el mismísimo Ché, seguro que se revuelve en su tumba al escuchar a tanto aprendiz, que jura pertenecer a este socialismo sigloveinteañero, pero que repentinamente se olvida del mismo para orinar en su propio tiesto. Cambian del rojo al azul en cuestión de segundos porque duermen santificando a Bolívar y amanecen en brazos de Lucio Gutiérrez. A la hora del almuerzo, se santiguan y en la cena blasfeman. Abrazan a su líder y le escupen a sus espaldas.
Hoy como nunca me he dado cuenta que ya estamos en campaña, aunque confieso que he visto cómo algunos pancarteros, suben su calentura a las puertas de algún evento electoral. En los últimos días, el todo vale se ha instalado en agoreros que juran venganza en nombre de no sé quién. Sus ojos enrojecidos se han plantado, como hace tres años, en alguien que les quita el sueño noche tras noche. Es natural, visto cómo está el patio, los rivales serios se cuentan con los dedos de la mano y hay que atacar al o a la más fuerte. Su blanco perfecto: mujer, inmigrante, trabajadora, luchadora…y, sobre todo, triunfadora. Dora Aguirre, la asambleísta de los inmigrantes por Europa, Asia y Oceanía está en boca de republicanos y nacionalistas; correístas y gutierristas; liberales y curuchupas, y hasta de machistas, anarquistas, sátrapas, ácratas y sectarios. Para dorar el tostón, meten en el mismo saco a todo aquel que sea sospechoso de ser su amigo, coideario, camarada…y aquí, seguramente, se incluye quien suscribe la nota ¿Qué tienen esta mujer y sus seguidores, que provocan recelos entre opositores y coidearios? Como diría Risto Mejide: “Si nadie se molesta por lo que dices es que no has dicho absolutamente nada”. Y, como hemos hablado mucho, hay muchos que se han molestado. Y vaya cómo…
Sin embargo, esto no es gratuito ni improvisado. Todo tiene su relación y esta estrategia persigue crear una red que aspira hacerse con la voluntad popular. Esta red esta dirigida por personajes ocultos, sombríos, cuyo trabajo se limita a corroer el orden establecido. Una lucha de poder sin cuartel donde los hilos se manejan a la sombra. El mensaje es claro: Si algo se construye a nuestras espaldas, hay que destruirlo. Lo peor de todo, es que una ardua tarea de más de una década, que reivindicaba el voto en el exterior y la posibilidad de ser elegido, se entierra por el capricho de unos pocos.
Ayer un colega en la red hacía un llamamiento público a la cordura apelando a esa gran conquista que se ha conseguido para los ecuatorianos residentes en el exterior de participar democráticamente en la elección de las autoridades y en los debates con altura. Comparto plenamente su postura que eché de menos cuando se asaltó una institución como la SENAMI, en octubre pasado, y donde pude verificar que no tuvo tino en informar toda la realidad desde su página web, porque se posicionó en un bando sin contrastar mínimamente la otra versión. Es fácil decir que no se tiene preferencias por uno u otro partido político. Sin embargo, no es difícil convertirse en altavoces de quienes no entienden el juego democrático, más aún, cuando se pretende ejercer la imparcialidad.
Los medios de comunicación juegan un papel importante en la construcción de los procesos, más aún, cuando en nuestro país se debate la Ley de Comunicación, que pretende en algunos aspectos regular (que no controlar), ciertos contenidos publicados en los medios de comunicación que pueden ser ofensivos a la honra de las personas, vengan de dónde vengan. Ante esta mala praxis, cómo diablos puede un periodista apelar a que dicha ley contraviene su libre expresión y su ejercicio profesional cuando no se dan cuenta que la libertad suya termina donde empieza la de los demás. Algún periodista que se jacte de serio, y que ha sido testigo de la catarata de insultos en contra de un cargo institucional, ha hecho un llamamiento al respeto de una persona que es víctima de la injuria gratuita.
Otro ejemplo de cómo un medio se convierte en tribunal es el que se destila ahora en nuestro país y en las redes sociales. Muchos medios de comunicación se han hecho eco de una denuncia que habla de las supuestas irregularidades cometidas por ex funcionarios de la SENAMI, durante el servicio de menaje de hogar implantado por el gobierno ecuatoriano para aquellas personas que desean regresar al Ecuador con parte de su mobiliario y otros bienes. Se ha evidenciado que algunas de estas denuncias se originan en personas que, a la luz de las informaciones contrastadas, siempre han buscado un protagonismo en los plató de televisión para catapultarse como los defensores de los migrantes. Es más, se pudo constatar que uno de los denunciantes, sorpresivamente asomó con sus cartones de bienes embalados, después de unos tres o, si no me equivoco, cuatro años que fue cuando dejó este país.
No pretendo de ninguna manera convertirme en el abogado de los ex funcionarios peor aún, en el juez que sentencie algunas denuncias. Tampoco quiero desconocer que, según informaciones públicas, puedan existir personas o funcionarios en aduanas que hayan adulterado el menaje enviado por algunos compatriotas. Lo que si tengo claro, es que SENAMI no es una empresa de envío de paquetería o sea la intermediaria que empresarios inescrupulosos. Si alguno de los trabajadores cae en este sistema, están las autoridades judiciales para comprobar cualquier supuesto delito.
Pero el tema no es ese. El asunto se centra en perseguir con fines políticos a los personeros del gobierno de turno, con pruebas, que en cualquier investigación judicial, rayan en la mera difamación por su inconsistencia. Una tarjeta de presentación con el correo electrónico del titular no puede considerarse esencia de un delito. Conozco a uno de los aludidos, Óscar Jara, desde hace mucho tiempo. Discrepamos en muchas cosas durante su gestión al frente de SENAMI, y su papel dentro del movimiento asociativo, pero jamás se me ocurrió caer en el estercolero de difamarlo públicamente, peor aún, sin prueba suficiente alguna porque entiendo que a él le asiste un derecho que es universal para todas las personas y habla de la presunción de inocencia. Un bendito derecho que ha sido vulnerado por arribistas que quieren ponerse frente a los focos a toda costa, bajo la complicidad de presentadores estrellas que han visto servido el sensacionalismo para alimentar sus intereses particulares.
En el caso de alguno de los presuntos afectados, está comprobado su paso por España, donde nadie se salvó de su afilada lengua. Él sabía que pasear el oportunismo le puede dar réditos en Ecuador y así lo hizo porque quizás entendió que en nuestro país, sus infundios cuelan con mucha facilidad (como se ha demostrado) en algunos medios que no se han dado el trabajo de contrastar la información, sobre todo, de saber quiénes son los “afectados”. La víctima habla de engaños, estafas, funcionarios corruptos, una vida en España llena de sufrimientos y amarguras. ¿Alguien de los periodistas, en especial la laureada Janet Hinostroza (último premio UNP de periodismo) ha dado un espacio de su tiempo para contrastar la vida de este personaje? ¿Algunos de los investigadores ha indagado sobre a qué dedicó su vida en España, este ilustre denunciante? ¿Algún medio puede dar fe de la trayectoria asociativa y “empresarial” del sujeto en mención? ¿Vale una tarjeta de presentación como prueba de un delito? Visto lo visto, nadie, absolutamente nadie, de los medios de comunicación conoce (o quizás sí) la dilatada trayectoria del sujeto en mención.
Sin embargo, como en las barras libres, la periodista de Teleamazonas, disparó perlas contra el ex funcionario, al señalar que tiene fe de muchas cuentas pendientes con la justicia por su mala gestión en SENAMI, dando a entender incluso que ha huido. Sería bueno preguntar en qué se basa esta jueza popular para dictar sentencia desde el púlpito de un medio de comunicación. La regla número uno del periodismo, aquella que busca el rigor en base a la investigación profunda de todas las partes, se la pasa olímpicamente por las narices opinando libremente sobre supuestas corruptelas.
Así está el escenario en el que nos movemos. Solucionar el tema no es difícil porque en España existe un colectivo de ecuatorianos bastante maduro, que ha sufrido en carne propia la inmigración y que ha experimentado la participación política muy distinta a la que se vive en nuestro país. Las autoridades, medios de comunicación, asociaciones y hasta los potenciales candidatos tienen una oportunidad histórica de no dejarse llevar por la demagogia y el populismo que tanto daño ha hecho a nuestro país y devolver la esperanza a miles de personas. Eso sí, sin vender humo y con propuestas serias y sustentables.


